Dimos mil quinientas vueltas para encontrar el hostel, porque estaba en otra calle que se accedía por caminos con escaleras y demás que daban un poquito de miedo... pero finalmente lo encontramos, y cuando nos llevó a ver las habitaciones nos dio tal asco que salimos corriendo! Encima, estaban bastante caras para lo que eran. Decidimos seguir buscando...
Personalmente, odio perder tiempo buscando un hotel, para mi es una de las cosas menos importante de un viaje, obviamente dentro de ciertos límites. En cambio, Miky es todo lo contrario: para ella lo mejor de un viaje es tener un buen hotel, y si es un Ibis mejor!!!! o me equivoco?
Por suerte, después de caminar todo el detalle de acá abajo, encontramos a la Residencia Roma con una habitación grande, calientita y limpia. ¡Hasta tenía desayuno!
View Caminata en Lisboa con Miky in a larger map
Después de instalarnos y descansar un ratito, almorzamos algo en la esquina del hotel y después seguimos caminando por la Avenida da Liberdade (donde vimos al Hard Rock) hasta llegar al parque Eduardo VII.
La estación de tren del Rossio me pareció increíble, como así también el Elevador de Santa Justa, diseñado por un discípulo de Eiffel e inaugurado en 1902. Todo esto en la Baixa de la ciudad...
La zona del Castelo y la Alfama son las zonas más antiguas de la ciudad, y quizá es por eso tienen ese encanto especial...
Nos tomamos el tranvía 28 y nos sacudimos un poco en sus subidas y sus curvas, bajamos en el Miradouro da Graça para mirar las vistas del castillo y de la ciudad. De ahí nos fuimos al Panteón Nacional y subimos a su terraza para apreciar el río Tajo en su anchura.
Volviendo del Panteón nos metimos en la igreja (iglesia) de San Vicente, que estaba cerrada por refacciones, pero pudimos entrar al monasterio y apreciar la enorme cantidad de azulejos que había en cada una de sus plantas.
Nos tomamos el tranvía 28 y nos sacudimos un poco en sus subidas y sus curvas, bajamos en el Miradouro da Graça para mirar las vistas del castillo y de la ciudad. De ahí nos fuimos al Panteón Nacional y subimos a su terraza para apreciar el río Tajo en su anchura.
Volviendo del Panteón nos metimos en la igreja (iglesia) de San Vicente, que estaba cerrada por refacciones, pero pudimos entrar al monasterio y apreciar la enorme cantidad de azulejos que había en cada una de sus plantas.
Después de recorrer el Castelo de Saõ Jorge estuvimos dando vuelta media hora (en serio!) para encontrar el Beco de Santa Helena, que es una callecita (o más bien escalinata) de la Alfama (ver foto). Luego pasamos por segunda vez por la la catedral (Sé en portugués) y seguimos caminando hasta llegar al nivel del río a la Praça do Comércio (que estaba toda en reparación). Esta plaza es de una gran ostentación arquitectónica de la antigua riqueza y poder de Portugal, y daba una gran impresión a todos los viajeros que desembarcaban aquí.
Nos quedamos hasta que se puso el sol, disfrutando (y descansando) a orillas del Tajo (y casi sin batería en nuestras cámaras)
Nos quedamos hasta que se puso el sol, disfrutando (y descansando) a orillas del Tajo (y casi sin batería en nuestras cámaras)
Belén
Para ir a Belén conviene reservarse un día entero, porque hay muchas cosas lindas para ver.
Y así lo hicimos nosotras: nos tomamos un bus tempranito y empezamos por el Mosteiro dos Jerónimos, que fue inspiración por el descubrimiento de la ruta marítima a India por Vasco da Gama, obra terminada en 1541.
En frente al monasterio está la Plaça do Império, que esta llena de escudos (en la fuente y formados por las plantas a sus costados), y tuvimos el privilegio de ver la fuente encendida.
Es impresionante y lindisimo la gran vista que se puede tener en Belén: el monasterio, esta plaza, la piedra de los descubrimientos y a lo lejos la torre de Belén. Es un lugar de ensueño.
Fuimos a contemplar el Padrão dos Descobrimentos y subimos para apreciar la vista desde las alturas... increíble! Adentro del monumento hay varias exposiciones y con Miky "nos perdimos" y chusmeamos varios de los pisos con las exposiciones... interesante y entretenido...
En el Padrão está el príncipe Enrique el Navegante, con Vasco da Gama, Diogo Cão, Fernando de Magallanes y otros 29 grandes personajes de la historia portuguesa, y fue inaugurado en 1960 con motivo del V centenario de la muerte del príncipe Enrique.
Después nos fuimos caminando hasta la torre de Belén, que junto con el monasterio están declarados Patrimonio Mundial por la Unesco. Es una pieza de ajedrez a orillas del mar (se encontraba rodeada de agua) construida en 1515 para vigilar la entrada del puerto de Lisboa.
Antes de volver a Lisboa, decidimos probar el tradicional pastelito de Belén en la casa "Pastéis de Belém", que parecía chiquita por fuera, pero una vez que entrabas tenia salas y salones repletos de mesas y sillas, para ofrecer este tradicional bocado a todos los turistas. Los pastelitos fueron excelentes!! estaban calentitos, recién hechos y espolvoreados con un toque de canela... imperdibles!
y nos tuvimos que volver a Madrid...
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